Una de las posibilidades es aplicar la utilización de oxígeno puro en la zona fuente de olores con el fin de oxidar el azufre en estado de sulfuros - cuyo molesto olor es detectable con concentraciones muy bajas (desde 0.005 ppm) - a sulfato.
Los puntos críticos para la formación de emisiones de malos olores son la balsa de homogeneización de aguas, la balsa de acumulación de fangos y las tuberías de bombeo de agua y fango, puntos de posible anaerobiosis con la producción de sulfuros correspondiente a este proceso y que aumentan con el tiempo de permanencia.
En las depuradoras, urbanas o industriales, las posibles fuentes de olores son:
Pozo de llegada de agua
Balsa de pretratamiento
Balsa de homogeneización
Tratamiento de fangos (espesamiento y deshidratación)
Las principales causas de la emisión de malos olores son:
Alta putrescibilidad del agua residual
Anaerobicidad del agua (falta de oxígeno)
Efecto aerosol (presencia de gotas en el ambiente)
Presencia de sulfuro de hidrógeno (SH2)
Cabe destacar la eliminación de los sulfuros por oxidación con oxígeno, en industrias tales como Curtidos, Petroquímicas, Químicas, etc. en las cuales la concentración de sulfuros en el agua es muy alta.
Las principales ventajas de la utilización de oxígeno para la eliminación de olores son:
Oxidación rápida de sulfuros a sulfatos (sin olor)
Descenso de la concentración de sulfuros en la balsa biológica, ya que éstos pueden ser perjudiciales para las bacterias.
Eliminación de la anaerobicidad del agua
Oxidación de sustancias oxidables
Movimentación y oxigenación sumergida, sin fenómeno aerosol.
Menores volúmenes de balsa de tratamiento, al ser mayor la velocidad de reacción con oxígeno que con aire.